sábado 28 de marzo de 2009

Un nuevo proyecto de política exterior para México en los albores del siglo XXI

De la política exterior mexicana se pueden desprender varias etapas, o mejor dicho, momentos históricos que han determinado su constante mutación, y que paradójicamente también ponen en evidencia el ancla que ha tirado a las profundidades de la in animación al quedarse fijo en principios que considera inamovibles a pesar de los cambios que el sistema internacional y que las condiciones internas revelan.

Debemos tener presentes que la acción política se desenvuelve en un medio cambiante que es determinado, en la mayoría de las veces, por el azar, de allí que sea prácticamente imposible que la realidad se repita exactamente en dos contextos históricos distintos, lo que hace imposible que las política públicas, incluidas en éstas la exterior, sean aplicables dos veces.

Los últimos gobiernos mexicanos, quizá más enfatizadamente en estas dos últimas administraciones, no han sabido adecuarse al cambio de condiciones al nivel interno y al internacional, que parecieran llevar dos velocidades distintas e incompatibles. Dentro de las razones por las que México ha reaccionado con tanta lentitud a las mutaciones en las circunstancias internas y mundiales está el peso del pasado en el pensamiento relativo a la política exterior. Con la llegada de un partido distinto al poder, se planteaban la formulación de nuevos ejes de acción en el quehacer internacional, que reflejarán el boom político y democrático con el que Vicente Fox había llegado al poder, sin embargo, pronto esa realidad fue opacada por la critica al rumbo trazado, que conservaba demasiados elementos de las administraciones anteriores y no alteraba el proyecto neoliberal ni el perfil manufacturero del país, en la que los factores endógenos y exógenos no se coordinaban, o si lo hacían carecían de visión a futuro.

En la actualidad la opinión pública mexicana se pregunta porque México ha perdido el rol de potencia regional, pero es quizá porque no existe un proyecto que intente llevar al país por ese camino, y que consiga su inserción en el sistema internacional con el status de potencia media, quizá más allegado a una relación con el nuevo sur, un sur caracterizado por la toma de conciencia no sólo sobre su identidad, sino sobre lo que quiere conseguir, y que se ha agrupado en torno al BRIC (Brasil, Rusia, India y China).

¿Porque México no cuenta con un nuevo e innovador proyecto de política exterior?, la respuesta, si bien nos lleva a cuestionar si en verdad existe un proyecto incluyente de nación, también nos plantea un obstáculo inicial: el crear un proyecto claro de política exterior, con directrices bien trazadas, pondría en el centro de la cuestión nuestra resistencia a reconocer y asimilar el peso de la relación con los Estados Unidos. Se dice que debemos contrarrestar esa vinculación, pero no se resuelve como manejar la realidad a la que estamos insertos.

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